La banalidad de la política

La banalidad de la política

Hay algo que debe llamarnos la atención: algo tan fundamental como la política se impregna de un adjetivo que termina sustituyéndole.

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Hay muchas cosas en nuestra cotidianidad a las que más de alguna vez hemos tildado de banales, hacemos clara referencia a la poca importancia que tienen, a la superficialidad que representan o a lo rápido que se olvidan. No cuesta mucho entender la banalidad en esas dimensiones, pero si hay algo que debe llamarnos la atención, es cuando algo tan fundamental para la vida humana como la política, se impregna de un adjetivo banal que termina sustituyéndole.

Para hablar de la banalidad, es preciso referirse primero a la política, una palabra que en Nicaragua normalmente es hermana siamesa del político, una interpretación que refleja nuestras carencias al momento de percibir que casi todo lo que sucede en nuestro país es consecuencia de la manera en que se ejerce la política. Es por eso, que la política realmente se convierte en un entre nosotros y no algo que se encuentra ajeno a nuestra cotidianidad.

De hecho, buena parte de nuestra concepción de la política está profundamente condicionada por distintos prejuicios. Es bastante común escuchar la relación de la política con la corrupción, la falta de transparencia, mafia, robos, entre otros. Es evidente que nuestra clase política se ha encargado de entregarle a la gente tan dañinos calificativos, sin embargo, para ser justos, no siempre la política fue sinónimo de tales atributos.

Fue la Revolución de hace 38 años la que logró romper con la cultura política somocista que había gobernado nuestro país por más de cuatro décadas. Fue la gente común la que retomó su papel de hacedor de la política y hecho a andar un proceso que transformó la manera en que se ejercía el poder en Nicaragua. Es fundamental tener fresco en la memoria este ejercicio pleno de democracia, porque es precisamente esa capacidad de reinvención la que hemos perdido.

Una de las claves que debemos tomar en cuenta es que los cambios, en cualquier dirección, de la cultura política, siempre están originados en una crisis sistémica, que tiene distintas expresiones y es transversal en lo político, económico y social. En nuestro país, en ocasiones han sobresalido las problemáticas económicas, a veces la falta de legitimidad de los partidos políticos, la falta de consenso social, entre otros. Pero si hay algo que es fundamental entender es que toda crisis tiene que ver con el agotamiento inevitable de la clase política.

En nuestro país cada día más se evidencia la crisis que vive esta vieja clase política, que insiste en atrincherarse en dos grandes discursos llenos de espejismos. En primer lugar, el que nos quiere hacer creer que estamos en la segunda etapa de la Revolución, que el Gobierno actual es continuador de la lucha de los héroes y mártires de nuestro país, y que el monopolio de la izquierda y del Sandinismo les pertenece, pues a veces es conveniente refugiarse en símbolos tan sagrados para este pueblo cuando se está vació de contenido.

En segundo lugar, los sectores que se oponen al Gobierno actual intentan posicionar la idea de la dictadura en el país, dejando en evidencia su claudicación ante la lucha de ideas, de proyecto de nación y por supuesto de alternativa para los grandes problemas nacionales. No resulta sorprendente viniendo de actores que representan los más grandes retrocesos políticos, económicos y sociales de las últimas décadas en Nicaragua.

Son estos discursos precisamente los que banalizan la política, la reducen a falsas posturas ideológicas, cuando realmente esa es una de las mayores carencias de nuestra clase política, la delgada línea que antes separaba grandes proyectos antagónicos, cada día más es difícil de evidenciar. Si nos alejamos cada vez más de estas reducciones de la realidad, veremos que la complejidad de los retos que nuestro país aún tiene, merecen mejores lecturas.

Vivimos tiempos de confusión, esta es la era donde importan más las apariencias que el contenido. Un país donde no es noticia el hambre, la pobreza, la desigualdad, el atraso económico, es un país donde se ha secuestrado a la política. Nuestra clase política está próxima a vencer, pero mientras llega ese momento, hay que poner siempre el acento a lo que está mal escrito

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