FAD: El 70% como ilusión

FAD: El 70% como ilusión

Desde las pasadas elecciones presidenciales el Frente amplio por la Democracia (FAD) ha mantenido un fuerte posicionamiento frente al consejo supremo electoral (CSJ)

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Foto: IMG_9490 | jorgemejia | Flickr

 

Desde las pasadas elecciones presidenciales el Frente amplio por la Democracia (FAD) ha mantenido un fuerte posicionamiento frente al consejo supremo electoral (CSJ), limitándose a la posibilidad de obtener personería jurídica para su partido, y haciendo un llamado general a la movilización. Tal estrategia movilizadora gira en torno a la interpretación de que hay un 70% de la población Nicaragüense  que se abstuvo de su derecho al voto como forma de protesta, en tanto no existían condiciones para elegir el destino de la población. Es decir, una mayoría totalmente provista de sentido democrático y que actúa según sus consecuencias.

La tesis que defendemos aquí, es que lejos de una abstención como sinónimo de una estrategia política en torno a la idea democrática, esta es producto de una desafección de la población como consecuencia del neoliberalismo, y la democracia procedimental instaurada desde la transición que ha sufrido un vaciamiento de su contenido sustantivo.

I.

Los derechos sociales son condición material básica del ejercicio responsable de los derechos civiles y políticos por parte de la comunidad política (García Linera, 2013). Las acciones llevadas a cabo por los gobiernos neoliberales impactaron sobre los mercados laborales de manera drástica. Redujeron el empleo en el sector público tras el plan de conversión ocupacional (1991), y generaron el aumento del sector informal y el desempleo. A su vez, impusieron un régimen de precarización laboral tras la reforma del código del trabajo, y destruyeron la “universalización” de la salud y educación instaurada por la Revolución Popular Sandinista (RPS), y su vínculo con el trabajo asalariado (la expresión paradigmática en los ochenta fue el “salario social”). La ciudadanía tutelada por el Estado devino en una ciudadanía mercantilizada. Los antiguos servicios públicos garantizados por el Estado encontraron su vía de acceso a través de la compra en el mercado.

Por tanto, si las instancias políticas del Estado en las que cristaliza la creencia democrática liberal, como la capacidad soberana del pueblo de elegir su propio destino a través de la representación política, se ven reducidas en sus funciones de decisión a favor de (el destino) de las “mayorías”, entonces tal idea empieza a vaciarse  (Monedero, 2012). Se empieza a dejar de creer, si alguna vez se hizo, en el poder democrático y sus instituciones. Estos antiguos ciudadanos tutelados por el Estado, ya no “debían” nada a un Estado que no les otorgaba un piso social mínimo para su reproducción social, menos aún, para su participación política.

La resistencia, lejos de generalizarse, se ha venido desvaneciendo frente a la sumisión simbólica impuesta por el mismo neoliberalismo.

II.

El poder simbólico neoliberal ha venido imponiendo una racionalidad instrumental sobre la población, racionalidad que concibe la posibilidad de una vida digna como un éxito de operación en el mercado. Se ha conjugado exitosamente con las visiones del Dios que lo decide todo: el providencialismo meticuloso (Pérez Baltodano, 2007) y se ha traducido en prácticas de empleabilidad, que se han convertido y asumido, como salida para hacerle frente a la precarización laboral y el desempleo (Pérez Sáinz, 2016). De esta manera, se ha desplazado la antigua responsabilidad del Estado hacia el individuo, tal proceso los ha volcado hacia lo privado, provocando un desentendimiento y desafección por la política, y con ello, una aceptación “pasiva” hacia el accionar de los gobernantes.

Por tanto, si por un lado existen personas provistas del sentido democrático y con posibilidad de accionar dentro o fuera de la instancias institucionales, por otro lado, el neoliberalismo ha minado las condiciones sociales, tanto materiales y simbólicas/culturales, de una gran parte de la población para poder llevarlo a cabo. El 70%, tan esperanzador parece no ser más que una ilusión.

COMMENTS

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    Hansel Quintero 5 meses

    Muy bueno el articulo, me gustaría conocer de ustedes o de alguien de donde salio esa cifra del 70% y como la comparamos con las cifras oficiales del CSE.

    La enajenación política y social no es un casualidad dentro del sistema capitalista, una causalidad aprendida, usada y mejorada desde la derrota en los 90s.

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