Marcha por la diversidad sexual

Marcha por la diversidad sexual

Luchar y defender nuestros derechos es esencial para el ejercicio democrático. Es casi como un modo de vida. Así se vivió la marcha por la diversidad sexual

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Foto de la Marcha de Diversidad Sexual. Por Jorge Mejía

El sonido de las trompetas y el redoble sonaban cada vez más al aproximarme a la gasolinera cerca del Colegio Teresiano. Estaba ansioso porque esperaba un tumulto de gente hasta que vi los camiones y automóviles derritiéndose bajo el bochorno del sol de Managua a eso de las tres y cincuenta de la tarde. Ya antes había participado en marchas de partidos, causas, o movimientos políticos, pero nunca había tenido la certeza de que la marcha por la diversidad tendría tanto éxito como cualquier otra.

De manera constante pensaba en la unión ciudadana y su capacidad para lograr algo semejante. También pensé en los diversos grupos que debían estar odiando el apoyo de la alcaldía a este tipo de actividad porque atenta contra todo lo que creen y más allá de su religión, aquello establecido en su mente que gota a gota ha formado un rio de prejuicios e ignorancia. A pesar de la cruel realidad de insultos y delitos cometidos contra la humanidad de muchas personas que defienden su identidad sexual, la marcha por la diversidad fue como esperaba: gozo y ejercicio democrático, también banderas multicolor y fiesta.

En mayúscula, el Derecho a la diversidad sexual es tan importante como el derecho al voto.

Con esto quiero decir que hay que evaluar la Constitución y los demás derechos y garantías que señala. Como una pancarta que llamó mi atención: El código de familia es inconstitucional porque no me permite casarme con mi pareja. Y en efecto, este Código de la Familia se refiere a aquellos tipos convencionales de familia y anula el derecho a personas del mismo género a casarse. Ahora bien, la estigmatización y desprestigio de identidades son formas de violencia cotidiana en Managua. La homofobia, en primer lugar, parte de la descalificación de una conducta desviada establecida por un orden patriarcal y la supremacía de la heterosexualidad.

Luchar y defender nuestros derechos es esencial para el ejercicio democrático. Es casi como un modo de vida. Una escasa participación solo conlleva a la propia nulidad de los derechos, al desconocimiento de la misma dignidad, y al avance del sistema patriarcal con categorías que someten las libertades de la ciudadanía.

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